Conocía la obra y había visto la película de Ozon, que ganó premios en S. Sebastián, pero donde se disfruta más, si cabe, el teatro es en el teatro. Eso me ocurrió a mí el jueves con la obra que dirige Andrés Lima quien ha dicho “el teatro es salud mental y cromosómica”. El año pasado le concedieron el Premio Nacional de Teatro a su larga trayectoria.
Una obra en la que un profesor de Lengua y Literatura consigue a través de un ejercicio de narratología de uno de sus alumnos conocer e interpretar las vidas que le rodean. Montar un drama con seis personajes, dos femeninos y cuatro masculinos para darnos la posibilidad de curiosear en las relaciones entre padres e hijos, maestros y discípulos bajo un doble plano, en definitiva, acercarnos a las vidas ajenas e interpretarlas. La realidad y la ficción con sus difusos límites, la apariencia engañosa que esconde la soledad, la falta de amor y el poder salvador de la imaginación, la última fila desde donde todo se aprecia con la precisión de un catalejo de aumento esclarecedor.
El hogar y la escuela son los espacios en que se abordan temas como el punto de vista, la tarea de escribir y el deseo de imaginar vidas ajenas para hacerlas propias. Las carencias del profesor entregado a su tarea, el olor a clase media que conocemos, la utilidad de la literatura y del arte también aparecen. El autor partió para escribirla de su propia experiencia personal: un alumno aprovechó un examen para contar su vida y de ahí le surgió la idea de la relación entre Germán, su mujer y uno de sus alumnos, dotado de una gran capacidad narrativa.
La última fila, los profesores sabemos qué pasa ahí y cómo alumnos de los que se espera poco pueden darnos una auténtica sorpresa. El hogar puede ser una fuente de problemas y la escuela no digamos. Cuando es liberador y curativo arregla muchos daños, la imaginación una ayuda que todo lo arregla.
Todo me parece muy logrado: la narración secuenciada y el continuará que mantiene la expectación y el interés como en cualquier episodio para permitirnos imaginar y aventurar nuestro propio desenlace; el trabajo de los actores, excelentes Alberto San Juan, Willy Toledo y Pilar Castro; un escenario sencillo con un juego de luces y gases hace el resto.
El autor, Juan Mayorga, es uno de los autores más valorados en la actualidad, sus obras cuentan con la aceptación del público y de la crítica. Ha enriquecido el texto teatral con un fuerte componente intelectual, creativo y actual. Desde La tortuga de Darwin a El cartógrafocada una de sus obras es una invitación a pensar a través de unos personajes y una acción dramática muy elaborados. Dramaturgia profunda, comprometida y metódica. Colaborador de Animalario, ha recibido premios importantes, como el Nacional de teatro , el Nacional de literatura Dramática, el Premio Max y el Premio valle Inclán. En 2018 en su discurso de ingreso en la RAE titulado Silencio aludió a Pinter, Chèjov, obras como La casa de Bernarda Alba o Hamlet.
La literatura dentro de la literatura, cada persona con su conflicto. La palabra en el teatro siempre esencial, inmensa y necesaria ¡Bravo!
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