Un buen título para una buena historia que me ha emocionado, anuncia la reconstrucción de un mapa afectivo y la memoria de un país, de un pueblo, de una generación, de un ser humano. La intrahistoria que hemos leído, nos resulta conocida y nos llega dentro en la voz de un niño y un entorno que reconocemos.
Convencida de que la realidad supera con mucho la ficción, esta España tan nuestra en 1975 en Extremadura con el tránsito de una maestra, funcionarios por pueblos hasta llegar a la capital para cambiar de vida y encontrar de lo que no hay, nos suena. Las cuidadoras que se convierten en el eje central de las casas deshabitadas y de los pueblos que se vacían cargando con el silencio y el olvido.
El realismo y la ternura de la mano. La vida y trayectoria de un niño que nos enjuaga los ojos. Los niños sabedores de los misterios de los mayores y sus miserias.
Dar las gracias a las personas que nos quieren y nos cuidan, tanto amor y no poder contra la muerte. Un homenaje a las mujeres que trabajan y dedican su tiempo a los demás, el tiempo que no se recupera, el valor más preciado, experiencia y sabiduría para quien quiere aprender. Es de bien nacidos ser agradecidos.
Unos personajes bien construidos con un relato elaborado nos llevan a un entorno rural de eras y espacios abiertos. El campo y sus olores, lo que da la tierra en su ciclo natural y la austeridad.
Me contaba un amigo, hijo de veterinario, alumno de escuela unitaria y que cada tres años cambiaba de pueblo en la Castilla rural que su madre le tejía siempre el mismo jersey con la misma lana y que iba en bicicleta al campo cuando la necesidad apretaba porque no tenían cuarto de baño.
No me atrevía a leerlo y lo quería hacer despacio. Mi infancia en la Mancha de la mano de mi abuela Consolación, sabia y buena, que me dio todo el amor que después yo he podido elaborar, me hacían temer un ataque de nostalgia. Soñar con lo que no volverá. Arañando sombras, eso es maestro, arañando sombras.
Buscan en las calles del recuerdo a los seres queridos que no volverán.
La memoria es un juego de espejos tramposos.
El jurado del Premio Primavera destacó que “Los ingratos es un relato con imágenes poderosas e inolvidables sobre la pérdida de
la inocencia y el paso de la infancia a la edad adulta, a la vez que un homenaje a la ternura y la culpabilidad, a los que nos trajeron hasta aquí sin pedir nada a cambio. Una auténtica historia de amor en toda la extensión de la palabra”.
De la culpa no quiero saber nada, demasiado sermón para cargar con ella.
Si el libro se regala como un modo de decir te quiero a alguien, la gratitud habrá encontrado su camino. Así lo haré sin duda, como todos los libros buenos que pasan por mis ojos y mis manos, hay que compartir.
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