Se acaba de fallar el premio más importante para los escritores de lengua castellana, el español está de suerte. Se ha premiado a un poeta, maestro de poetas y testigo de una tradición, perteneciente a la generación del 50, una generación en la que destacan escritores como Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Ángel González, Claudio Rodríguez y los novelistas Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Luis Martín Santos, García Hortelanoy Luis Goytisolo. Un género, una generación y un gran escritor han salido a la luz.
Valenciano, Oliva, mediterráneo, madrileño, con Juan Ramón, Cernuda y Kavafis como maestros, Brines comunica belleza, erotismo, paisajes, el colorido de su tierra natal con un lirismo encendido. El paso del tiempo, la pasión de vivir envuelta en una visión melancólica de la belleza, lo sensitivo de la realidad, el amor a los lugares, a los momentos, lo sitúan en una de las cimas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX.
Los veranos
¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.
Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos solo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.
Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!
El Cervantes es un premio en el que se reconoce una obra, Joan Margarit, Antonio Gamoneda, Nicanor Parra, Ida Vitale, Octavio Paz, Rafael Alberti o José Hierro, entre otros, cuentan con esta distinción. El jurado ha destacado que su obra “va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico, lo espiritual, hacia una aspiración de belleza e inmortalidad”.
Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño, Claudio Rodríguez han estado muy cerca de este poeta para quien la poesía es un refugio, amar y ser amado es lo máximo que podemos esperar del mundo, los que lo han vivido pueden dar gracias a Dios. Poeta intimista, elegíaco, que sitúa toda su obra entre el tiempo y el amor desde su libro inicial Las brasas. Con El otoño de las rosas (1986) y La última costa (1995) se proclama como el gran poeta y maestro de una época brillante para la literatura.
Defensor de la tauromaquia, precisamente porque es un arte, “es un continuado misterio”, aficionado al cine, la pintura, la ópera, el fútbol… Avidez de vivir en su finca de Elca, en Oliva, que acoge la Fundación que lleva su nombre.
Canción de los cuerpos
La cama está dispuesta,
blancas las sábanas,
y un cuerpo se me ofrece
para el amor.
Abramos la ventana,
entren calor y noche
y el ruido del mundo
sea solo el ruido
del placer.
Que no hay felicidad
tan repetida y plena
como pasar la noche,
romper la madrugada,
con un ardiente cuerpo.
Con un oscuro cuerpo
de quien nada conozco
sino su juventud.
Brindo con el poeta y con los que aman y leen poesía, lo felicito y cito unos versos finales que me emocionan.
Con el recuerdo sólo de tu vida, porque fuiste mi vida,
Qué abandonado estoy,
¿y a quién le contaré lo que ahora siento?
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