Gracias a Jorge Manrique sabemos que la vida de la fama es imperecedera, que aquellos que están laureados con la gracia del saber viven para siempre.
Conocí a Caballero Bonald personalmente en una actividad literaria en la que lo invitamos a debatir cuestiones palpitantes que nos preocupaban a un grupo de profesores en Lavapiés, acudió sin reparos y sin condiciones. No solo sabía mucho, sino que también había conocido su tiempo y estaba comprometido con él. Era un regalo la compañía y enseñanza de un hombre que mostraba franqueza y conocimiento a la par que una sutil ironía que revelaba su agudo sentido crítico.
Como ensayista para mí es una referencia con dos títulos que se complementan y repiten Oficio de lector y Examen de ingenios, dos publicaciones que consulto con la asiduidad que me exige el análisis y la escritura, los consulto mucho y me parecen llenos de talento y dominio del idioma.
Como poeta sabemos que es uno de los grandes e indispensables de la literatura en lengua castellana de su siglo, el último medio siglo que vivió muy de cerca y en el que participó activamente. Su riqueza de vocabulario es excelente y admirable, pertenece a la mejor tradición de los poetas que saben trazar con el idioma una estela de coherencia y exigencia llena de talento. Cervantista, machadiano, flamencólogo, Andalucía y Doñana son parte de su paisaje.
Nacido en Jerez de la Frontera, cuenta con numerosos premios: Premio nacional de la Crítica (tres veces) y el Cervantes entre otros en 2012. Su obra poética está reunida en Somos el tiempo que nos queda. Destaca también como novelista Ágata ojo de gato y Campo de Agramante en las que su prosa atrae sin reparos.
Testigo de la Generación del 50 y mucho más su compromiso ético, político y cultural es el legado que nos deja. Una visión crítica y sin concesiones cargada de un fino sentido del humor.
Lavada está mi vida
en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
Únicamente soy
mi libertad y mis palabras.
El arte del escritor cuando se conjuga con el del lector alcanza dimensiones envidiables y duraderas, es aquí donde podemos encontrar a este grande de las letras a quien celebramos un día de mayo nuboso que nos acerca, una vez más, a este ingenio de las palabras que con las suyas no ha permitido vivir más intensamente y ha logrado que nos sintamos más jóvenes. Somos el tiempo que nos queda.
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